Cuento escrito,las estaciones.

                                                                Las estaciones

En un día especial de no se sabe cuántas horas o si llegaba la mañana, la tarde o la noche,
donde podría decirse que no existía el tiempo, acordaron reunirse unos hermanos. Ellos eran hijos
del señor AÑO; pero eran tan distintos que rara vez coincidían en su forma de actuar y si lo hacían
eran llamados locos por todo el mundo.
El lugar de la cita no tenía color, ni clima, ni sol, ni nieve... Era un extraño lugar que sólo
ellos conocían en la nebulosa del espacio.
El primero en llegar fue el OTOÑO. Venía cargado de promesas, de obligaciones y de
viento.
- Soy más puntual que ninguno de ellos. En fin, esperaré a que vayan llegando y podamos ir
conociéndonos mejor.
Su traje era de un color gris negruzco que le llegaba arrastrando hasta el suelo. Sus
movimientos eran rápidos pero suaves y cuando giraba sobre los talones, aparecían gran cantidad
de hojas secas que el viento amigo alejaba de su cuerpo.

Se oyó un gran chapoteo y apareció un señor tan alto que resultaba difícil contemplarle el
rostro. Llevaba una gran capa de piel blanca (o acaso no era piel sino nieve) y una larga bufanda le
envolvía el cuello y una gran parte de su barba gris. Los dientes le castañeaban y le acompañaba
un charco de agua alrededor de sus pies. Era la nieve que se derretía muy lentamente.
Los dos hermanos se saludaron al reconocerse:
-¡Hola, INVIERNO! ¡Siempre con tu humedad a cuestas!- le dijo OTOÑO tendiéndole la mano.
-¡Quita! ¿Acaso quieres parecerte a mí un poco?- le dijo al tiempo que se la hacía retirar.
-Llevado de la emoción no advertí que siempre estás helado.
-No siempre- refunfuñó el INVIERNO-. A veces llega mi amigo el sol y me ayuda a
descongelarme. Esos días son como un regalo para mí. Me divierto tanto que me olvido de hacer
mi trabajo.
-En verdad que tienes que odiar tu quehacer. Siempre helado, enviando frío por aquí y por allá.
-También eso tiene sus ventajas- hablaba el INVIERNO, sin dejar que la bufanda se le descolgara-
, me alegra ver a la gente en sus casas y a los niños haciendo sus deberes al lado de la chimenea.
En esos días la casa es un palacio si no falta en ella el calor del hogar.
-Pero, olvidas que es una lata tener que quedarse en casa los domingos, cuando en otro tiempo se
puede descansar de la escuela...
-Dices bien, en otro tiempo, en el tuyo por ejemplo. Tú eres el más traidor de todos los hermanos:
aún están acostumbrados a los días de vacaciones, donde se sienten tan felices y libres, llegas tú y
todo lo estropeas. Les impones un horario, unos estudios y les quitas tanto tiempo de las manos
que bien pueden llamarte ladrón de diversión en tu propia cara.
-No sé quién presume de ser largo y eterno y de tener unos días tan cortos donde no dejas entrar
un momento para dedicarlo a los juegos- le respondía OTOÑO irónicamente.
Unas alegres notas interrumpen la discusión. Los dos se vuelven para escuchar mejor.
La lará, lará.
Vengo cubierta de flores,
Cargada de buen aroma.
La lará, lará.
El sol calienta mi cara
Y me invita a pasear.
La lará, lará.

Se acerca una muchacha de rostro simpático y cabello largo y rizado. Su vestido es como
un lindo jardín y una amplia sonrisa le invade el rostro. Su cara porta un color rosado y, cosa
inexplicable, unas gotas de lluvia surcan sus mejillas, pero ella sin la menor tristeza repite su
canción al tiempo que salta y baila al son de la música.
-¡Hola, pequeña hermana! No has de ser tan escandalosa...- le riñe su hermano INVIERNO.
-Sigue cantando- propone OTOÑO-, era una canción tan bella.
-¿Tanto como yo?- pregunta la vanidosa PRIMAVERA.
-Sí- contesta OTOÑO-. Siempre has sido la más agraciada de todos nosotros.
Un viento de tristeza recorre los ánimos de OTOÑO y de INVIERNO. No así para
PRIMAVERA que al cabo de un instante, pregunta:
-¿Y VERANO? ¿Aún no ha llegado mi querido hermano?
-No- responden al unísono.
-Siempre ha sido tu preferido, ¿no es verdad?- añade INVIERNO con gran desconsuelo.
-Es que... es muy divertido. Y es tan alegre... Además me ayuda a caminar y hace que mi trabajo
sea más corto.
-Eso no es cierto, lo que ocurre es que te quita vida para pasar a ser él el protagonista de toda la
época calurosa.
-Pues por eso he de estarle agradecida. Él se queda con el calor y a mí me reserva las flores, el
verdor de los campos y muchas otras cosas más. Además, hace que siempre me conserve joven y
de buen humor.
-Supongo- añadió INVIERNO- que los dos han nacido el uno para el otro.
Sus pensamientos se ven interrumpidos por una extraña sensación de calor. Es el
VERANO pegajoso y atrevido que se acerca al grupo familiar. Es un señor pesado y muy obeso.
De su bronceada frente caen gotas de sudor constantemente. Lleva oscuras gafas y todo su cuerpo
aparece con una luminosidad sin igual. VERANO bufaba al tiempo que iba limpiando su cara con
un pañuelo blanco de tan brutal transpiración.
-¿Qué tal chicos?- preguntó con un tono pesado.
-¡Oh!- exclamó PRIMAVERA-. ¡Pero si es VERANO!
Y se abalanzó sobre él con profundo entusiasmo.
-Antes de nada, he de pedir un favor a INVIERNO; si no, no podré continuar con vosotros. Verás,
querido hermano, necesito que te acerques un poco a mí. Con la helada que llevas como abrigo yo
me refrescaré un poco. Este calor...

INVIERNO se aproximó y cuando se encontraba cerca de VERANO protestó:
-No puede ser. La vida nos ha hecho tan distintos que me resulta difícil acercarme a ti.
Pero VERANO continuaba sudando de un modo exagerado y necesitaba aquella frescura
de su hermano. INVIERNO se acercó con precaución.
-Tampoco me viene mal un poco de calorcillo- pensó.
Era una disparatada idea la que iban a emprender. Los gritos de uno seguían los del otro.
VERANO se quejaba de frío e INVIERNO de un calor sofocante. La unión no estuvo muy
compenetrada.
-Tengo una idea- propuso alegremente PRIMAVERA-: Podemos unir nuestras manos y formar así
un pequeño corro. De esta forma, estaremos más unidos y quizá alguno de nosotros cambie su
figura y podamos tener un recuerdo de cada hermano en los días de nuestra estación. Así le
pareceremos mucho más a nuestro padre el AÑO.
La idea gustó a todos los hermanos y en particular a OTOÑO, pues los otros dos se
encontraban un poco aturdidos a consecuencia de la experiencia anterior.
PRIMAVERA levantó el brazo y lo colocó horizontalmente a la altura de la frente.
VERANO se aproximó y colocó su mano sobre la de PRIMAVERA. OTOÑO también estiró su
brazo templado y bien formado. Ya sólo faltaba INVIERNO que miraba receloso el triángulo
formado por sus hermanos y lleno de desconfianza colocó también su húmeda mano sobre las
demás. A continuación, giraron al son de una música extraña, cargada de notas infantiles y arrullos
de pájaros encantados.
Cansados estaban de girar, cuando la mano de OTOÑO resbaló y todos cayeron a aquel
misterioso suelo armando un fuerte estrépito. La idea de PRIMAVERA había resultado bien en un
primer momento, pero ahora...
Se encontraban unos encima de los otros de forma tan desordenada que todos se quejaban
del compañero que tenían arriba. Restablecidos de aquel golpe tan inesperado, opinaron que la
naturaleza les había hecho así y ellos no podían cambiarse a sí mismos.
Optaron por sentarse unos junto a otros guardando prudente distancia. Alguien inventó un
nuevo juego: cada uno diría una cosa mala y otra buena de su época.
Comenzó PRIMAVERA:
-Mi tiempo es el del amor. Los campos comienzan a vivir. Las mariposas se posan en las flores y
todo es dulce y alegre.
-Todo no- gruñó OTOÑO-. Porque también es el tiempo de las alergias y de las picaduras de los
insectos.
-Olvidas que no podemos ser perfectos- concluyó VERANO.

-Y ahora diré la parte mala: ¡Ninguna!
Un murmuro salió de la reunión. PRIMVERA era demasiado presumida. ¿Habría que
darle una lección? Bien es verdad que en su época la lluvia inesperada se presenta súbitamente
como las calificaciones escolares. Pero no debían discutir por esas tonterías.
INVIERNO ya está preparado frotándose las manos para comenzar ha hablar.
-Lo bueno de mí es que tengo la Navidad y disfruto viendo como los niños en esas fechas son un
poco más buenos. Hay turrón y regalos. ¡Ah! ¡También tengo unos días de vacaciones! La parte
mala ya la veis, soy demasiado frío y poca gente me quiere, salvo las señoras que desean
comprarse un abrigo de alguna estimada piel o los niños que disfrutan de la nieve haciendo
bolitas...
Ante la tristeza de INVIERNO exclama OTOÑO emocionado:
-Has olvidado detalles muy importantes, los deportes en la nieve, el chocolate con churros y un sin
fin de cosas que tú tienes de positivo.
-Es verdad- exclamaron todos.
-Y tú, ¿qué tienes que decirnos, VERANO?
-¡Uf! Lo malo de mi tiempo es que hace tanto calor que suelo crear complejo de asado al horno o
de huevo frito.
Todos prorrumpieron en carcajadas ante la ocurrencia de VERANO. Tras un instante
preguntó PRIMAVERA:
-¿Por qué has comenzado por la parte mala?
-Porque ahora viene la parte buena- le respondió en tono fanfarrón.
-Acaba ya- gritó OTOÑO enfadado-. Aún me toca el turno a mí.
-Lo bueno, lo más bueno de todo son las vacaciones- respondió VERANO con satisfacción-. Los
refrescos, los juegos al aire libre, la ropa de vestir tan ligera, la playa...
-¡Basta ya! ¡Ya es suficiente!- ordenó OTOÑO con furor-. Ya sabemos que tienes demasiadas
cosas buenas, pesado. Mi parte buena es algo tan sencillo como la vuelta de la escuela...
-Y si eso es lo bueno, ¡qué será lo malo!
-Creo que estás equivocado. A los niños les gusta el colegio y tanto más en mi época que en la
tuya. Todos sabemos lo mal que se estudia al lado de todas las cosas buenas que tienes. Además,
tienen que odiarte, ya que tú les recuerdas que un curso acaba y con él los compañeros se separan
hasta que yo llego de nuevo a juntarlos.
-¡Eso es falso!- vociferó VERANO-. Los niños me quieren porque les alivio del estudio de todo
un año. Ellos no pueden odiarme.
PRIMAVERA se levantó y dijo:
-Será mejor que continúes con tu parte mala y dejad ya de discutir.
-Mi parte mala es, que están acostumbrados al calor y al tiempo libre que les da VERANO, que
me reciben de un modo antipático. También que les tiro las hojas de los árboles, aunque hay gente
que le gusta pisar las hojas secas. En cierto modo, es como si yo fuera el comienzo del año.
Todos quedaron silenciosos. Ya habían sido escuchadas todas las opiniones. ¿Cuál era la
mejor estación? Todas tenían algo de bueno y algo de malo como el mismo ser humano

mejor estación? Todas tenían algo de bueno y algo de malo, como el mismo ser humano.
Las cuatro fueron levantándose muy lentamente y caminaron dándose la espalda, formando
un camino en forma de cruz que se ampliaba al tiempo que caminaban en sentido contrario a su
estación opuesta. En señal de despedida, giraban sus manos.
-¡Adiós!- se oyó la cantarina voz de PRIMAVERA que repetía su canción.
Y desde entonces, todos los años, las cuatro estaciones nos traen lo mejor y lo peor de cada
una de ellas y siguen sin saber exactamente cuál de las cuatro es la mejor.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Teatro de sombra,Caperucita roja.

Teatro de sombras,Los tres cerditos.